"Nada de lo aquí escrito me pertenece.
Si hubiese alguna pertenencia,
sería el lazo de Amor con el cual se han atado
tantas bellas flores de conocimiento
que son ofrecidas a la humanidad
como un ramillete de Servicio"
Montaigne.

la flor de loto

La flor del loto es uno de los más antiguos y profundos símbolos de nuestro planeta. La flor del loto crece en el fango y se alza sobre la superficie para florecer con remarcable belleza. Por la noche la flor se cierra y se hunde bajo el agua, al amanecer se alza y vuelve a abrirse. El loto simboliza la pureza del corazón y de la mente. Representa longevidad, salud, honor y buena fortuna.

lo bueno, lo malo, lo igual o lo diferente....son tan solo proyecciones humanas...

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dijous, 3 d’abril de 2008

VOLVER AL AMOR. EL TRABAJO. NUEVOS CORAZONES, NUEVOS TRABAJOS


6.- Nuevos corazones, nuevos trabajos

“Criatura de Dios, fuiste creado para crear lo bueno, lo hermoso y lo santo. No te olvides de eso.”

El ego dice: tu valía se basa en tus credenciales. Necesitas un título para conseguir un buen trabajo. En última instancia no son nuestras credenciales sino nuestro compromiso con un propósito superior lo que nos hace eficientes en el mundo. Los títulos sólo son importantes si creemos que lo son.
El deseo de servir a Dios crea los medios que nos permiten hacerlo. Nuestro poder no reside en los títulos, o los contactos que tenemos, en lo que hemos hecho, ni siquiera en lo que estamos haciendo. Nuestro poder reside en ver con claridad la razón por la que estamos aquí. Estamos aquí para contribuir a la sanación del mundo. En comparación con esto todo lo demás es trivial. Dios puede utilizar cualquier currículum, por corto que sea y convertirlo en una poderosa obra en Su nombre.

Marianne Williamson

VOLVER AL AMOR. EL TRABAJO. EL MINISTERIO

5.- El ministerio
“Y esa sola Voz te asigna tu función, te la comunica, y te proporciona las fuerzas necesarias para poder entender lo que es, para poder llevar a cabo lo que requiere, así como para poder triunfar en todo lo que hagas que tenga que ver con ella.”

No hay manera más potente de agradecer a Dios los dones que te da, o de incrementarlos, que compartiéndolos.

Piensa que tu trabajo es tu ministerio. Haz de él una expresión de amor puesta al servicio de la humanidad. Dentro de la ilusión mundana, todos tenemos diferentes trabajos, pero en el mundo real que está más allá de todo esto, todos tenemos el mismo trabajo, atender a los corazones humanos. Todos estamos aquí como ministros de Dios.

Saber que actuamos en nombre de un propósito superior a nuestro propio engrandecimiento nos proporciona la alegría que todos buscamos.

La cuestión es si trabajamos por dinero o por amor. Contrariamente a los argumentos del ego, el amor es efectivamente un buen negocio.
Cualquier trabajo puede convertirse en un ministerio siempre que esté consagrado al amor. Sean cuales fueren tus talentos o capacidades, Él puede usarlos. Simplemente seguimos instrucciones. Permitimos que el espíritu de Dios se mueva a través de nosotros, usando nuestros dones y recursos de la manera que le parezca adecuada para hacer Su trabajo en el mundo. Esta es la clave de una carrera al éxito.

Nuestra vida ha de ser un relato que misteriosamente se escribe solo, y nuestro trabajo es el fruto creativo de nuestra vida.

“Dios, sírvete de mi, por favor” es la afirmación más poderosa que podemos hacer para que nuestra carrera profesional esté llena de abundancia. Todo el mundo quiere tener un trabajo maravilloso. Acepta que ya te ha sido dado. El hecho de que estés vivo significa que te ha sido asignada una función: Abrir tu corazón a todos y a todo. De esa manera eres un canal de Dios. No te preocupes por lo que has de decir o hacer. Él te lo hará saber.

Cuando nuestra energía se aplica en el sentido de la cocreación con Dios y nos disponemos a brindar amor allí donde antes no lo había, de nuestras profundidades emerge una energía nueva.

El mundo nunca te da permiso para brillar. Sólo el amor lo hace. Podemos tomarnos en serio nuestra vida aunque nadie más lo haga. En todo momento influímos en el mundo en que vivimos, por medio de nuestra presencia, de nuestra energía, de nuestra interacción con los demás.

Para tomar decisiones le pedimos al E.S que decida por nosotros. Siempre hay demasiados factores en la vida que desconocemos. Le pedimos cómo podemos ser más útiles para llevar a cabo Su plan. Lo que nos convierte en estrellas es nuestra humildad, nuestro deseo de servir, no nuestra arrogancia.

En la modestia dejamos florecer las cosas. No nos avergüenza admitir que todavía estamos en el proceso de aprendizaje.

Nuestro trabajo es crecer como personas, alcanzar la gracia, la integridad y la humildad.
Nuestro ministerio se transforma en una línea creativa directa desde Dios a toda la humanidad a través de nosotros.

Marianne Williamson