"Nada de lo aquí escrito me pertenece.
Si hubiese alguna pertenencia,
sería el lazo de Amor con el cual se han atado
tantas bellas flores de conocimiento
que son ofrecidas a la humanidad
como un ramillete de Servicio"
Montaigne.

la flor de loto

La flor del loto es uno de los más antiguos y profundos símbolos de nuestro planeta. La flor del loto crece en el fango y se alza sobre la superficie para florecer con remarcable belleza. Por la noche la flor se cierra y se hunde bajo el agua, al amanecer se alza y vuelve a abrirse. El loto simboliza la pureza del corazón y de la mente. Representa longevidad, salud, honor y buena fortuna.

lo bueno, lo malo, lo igual o lo diferente....son tan solo proyecciones humanas...

.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.º.

dilluns, 17 de març del 2008

VOLVER AL AMOR. LAS RELACIONES. LA RELACIÓN SANTA

7. La relación santa
“La relación santa es la relación no santa de antes, transformada y vista con otros ojos.”

Si la relación especial es la respuesta del ego a la creación del E.S, la relación santa es la respuesta del E.S.

“Una relación santa, parte de una premisa diferente. Cada uno ha mirado dentro de sí y no ha visto ninguna insuficiencia. Al aceptar su complección, desea extenderla uniéndose a otro tan pleno como él.”

En la relación especial estamos siempre tratando de ocultar nuestras debilidades. En la relación santa, se sobreentiende que todos tenemos lugares aún no sanados, y que el propósito de que estemos con otra persona es sanar. No intentamos ocultar nuestras debilidades, sino más bien entendemos que la relación es un contexto para sanar mediante el perdón recíproco.

En la relación especial siempre buscamos a alguien que tiene lo que creemos que a nosotros nos falta, y una vez que lo obtenemos de ellos nos sentimos listos para cambiar de relación. En la relación santa no estamos interesados en nuestro hermano por lo que puede hacer por nosotros. Estamos interesados en nuestro hermano y punto.

La relación santa es por encima de todo, una amistad entre dos hermanos.
Estamos aquí para apoyarnos, perdonarnos y sanarnos los unos a los otros.

No pidamos a Dios que cambie nuestras relaciones, sino que nos cambie mentalmente. No escapemos de alguien que nos atrae porque tenemos miedo de que sea una relación especial. Cuando nos sentimos atraídos por alguien lo primero que debemos hacer es “Rezar!” La plegaria podría ser ésta:
“Dios amado, Tu sabes, y yo también, que en estas cosas tengo más potencial neurótico que en cualquier otra. Por favor, toma la atracción que siento por esta persona, los pensamientos y sentimientos que me inspira, y úsalos para Tus propios fines. Permite que esta relación evolucione de acuerdo con Tu voluntad. Amén”.

El progreso espiritual es como una desintoxicación. Las cosas tienen que aflorar para que podamos liberarnos de ellas. Un relación usada por el E.S se convierte en un lugar donde nuestros bloqueos contra el amor ya no son suprimidos ni negados, sino más bien llevados a nuestro conocimiento consciente. Podemos ver claramente lo que funciona mal y, cuando estamos preparados, pedirle a Dios que nos muestre otro camino.

Si una relación nos permite apenas evitar nuestras zonas enfermas, nos estamos ocultando en ella, no creciendo. El universo no le prestará su apoyo.

Para el ego una buena relación es aquella en la que el otro se conduce básicamente de la manera en que nosotros queremos y nunca nos saca de quicio. Pero si una relación existe para apoyar nuestro crecimiento, entonces existe, en muchos sentidos, precisamente para hacer todo esto, para forzarnos a abandonar nuestra limitada tolerancia y nuestra incapacidad de amor incondicional. No estamos alineados con el E.S mientras la gente no pueda comportarse de la manera que quiera sin que por eso se altere nuestra paz interior.

No es misión nuestra tratar de convertir una relación en lo que nosotros creemos que debería ser. Amamos con pureza cuando permitimos a los demás que sean como son. El ego busca la intimidad mediante el control y la culpa. El E.S la busca mediante la aceptación y la liberación.

En la relación santa no procuramos cambiar a los demás, sino más bien ver lo hermosos que ya son. Nuestra plegaria es: “ Dios amado, deja caer el velo que tengo frente a los ojos y ayúdame a ver la belleza de mi hermano.” Lo que nos hace sufrir en una relación es nuestra incapacidad de aceptar a la gente exactamente tal como es.

El ego no es otra cosa que nuestro miedo. No es el lugar donde somos malos sino donde nos sentimos heridos.
Nuestro ser auténtico, el Cristo dentro de nosotros, es lo más hermoso de nosotros. Cuando profundizamos lo suficiente en nuestra verdadera naturaleza, lo que encontramos no es oscuridad, sino una luz infinita. Eso es lo que no quiere el ego que veamos: que nuestra seguridad reside realmente en despojarnos de la máscara. Pero no lo podemos hacer si constantemente tememos que nos juzguen. La relación sagrada es un contexto donde nos sentimos lo suficientemente seguros para ser nosotros mismos, sabiendo que nuestra oscuridad no será juzgada sino perdonada.

Una relación santa es un “estado mental común, donde ambos gustosamente le entregan sus errores a la corrección, de manera que los dos puedan ser felizmente sanados cual uno solo”.

Marianne Williamson. Volver al amor