"Nada de lo aquí escrito me pertenece.
Si hubiese alguna pertenencia,
sería el lazo de Amor con el cual se han atado
tantas bellas flores de conocimiento
que son ofrecidas a la humanidad
como un ramillete de Servicio"
Montaigne.

la flor de loto

La flor del loto es uno de los más antiguos y profundos símbolos de nuestro planeta. La flor del loto crece en el fango y se alza sobre la superficie para florecer con remarcable belleza. Por la noche la flor se cierra y se hunde bajo el agua, al amanecer se alza y vuelve a abrirse. El loto simboliza la pureza del corazón y de la mente. Representa longevidad, salud, honor y buena fortuna.

lo bueno, lo malo, lo igual o lo diferente....son tan solo proyecciones humanas...

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dimecres, 19 de març de 2008

VOLVER AL AMOR. LAS RELACIONES. RENUNCIAR AL MIEDO

9.-Renunciar al miedo
“El amor perfecto expulsa al miedo.”

Una buena relación no es siempre miel y rosas. Es un proceso de nacimiento, a menudo doloroso, con frecuencia confuso.

El hecho de que dos personas tengan una “relación espiritual” no significa necesariamente que estén siempre sonriéndose. Espiritual significa, ante todo, auténtico.

El verdadero trabajo sólo se puede hacer si existe una rigurosa sinceridad, que es lo que todos anhelamos, pero tenemos miedo de comunicarnos abiertamente con otra persona porque pensamos que los demás nos dejarán si ven quiénes somos en realidad.

Es mucho mejor comunicar nuestros sentimientos que reprimirlos. El enojo suele ser el resultado de una serie de sentimientos no comunicados que se nos amontonan dentro hasta que por fin estallan. En una relación santa, forma parte del compromiso expresar sincera y asiduamente nuestros sentimientos y apoyar a nuestra pareja para que pueda hacer lo mismo.

Debemos trabajar con lo que tenemos. Si el enojo emerge, aceptémoslo. El enojo es un tema candente para los buscadores espirituales. La supresión del ego no es la supresión de la personalidad.

El mero hecho de que alguien no exprese su rabia no quiere decir que no la sienta. A la rabia vuelta hacia fuera se les llama rabia. A la rabia vuelta hacia adentro se la llama úlcera, cáncer,...etc. Lo peor que se puede hacer con la rabia es negar que uno lo sienta.

No debemos fingir que estamos enojados, sino más bien decir: “ Estoy enojado pero quisiera no estarlo. Dios amado, por favor, muéstrame lo que no veo”.

Cuando le pides a Dios que sane tu vida. Él proyecta una luz brillantísima sobre todo lo que necesitas mirar. Debemos enfrentarnos con nuestra propia fealdad. Con frecuencia tenemos que tomar dolorosa conciencia de que una pauta constituye un callejón sin salida antes de que estemos dispuestos a renunciar a ella. Cuando empezamos a trabajar en profundidad en nosotros mismos, a menudo nos parece que nuestra vida empeora en vez de mejorar. Pero en realidad no es así, lo que pasa es que percibimos mejor nuestras propias transgresiones porque ya no estamos anestesiados por la inconsciencia. Empezamos a ver claramente a qué jugamos.

Nuestra misión es perfeccionarnos y una parte importante del proceso es ver dónde no somos perfectos. Nos convertimos en personalidades perfeccionadas al aceptar la perfección que existe ya dentro de nosotros.

En vez de sentir compasión por nosotros mismos, y de recordar que nuestras neurosis son nuestras heridas, tendemos a sentirnos demasiado avergonzados para verlas siquiera. La verdad es que si fuéramos capaces de ver la auténtica verdad sobre nosotros mismos nos quedaríamos deslumbrados por la luz.

Tenemos que arrancar de raíz las pautas que nos ha impuesto el ego y depurarnos bien para que el amor puro que llevamos dentro pueda asomar al mundo.

El cielo nunca es gris. Siempre es azul. Lo que sucede es que a veces aparecen nubes grises que lo cubren, y entonces pensamos que el cielo es gris. Lo mismo pasa con nuestra mente. Somos siempre perfectos. No podemos no serlo. Nuestros miedos, nuestros malos hábitos, nuestras pautas negativas, se adueñan de la mente y, temporalmente, ocultan nuestra perfección. Las nubes grises no duran eternamente. El cielo azul sí.

¿Qué debemos hacer con nuestro miedo, nuestra cólera, las nubes que cubren el amor que llevamos dentro? Abandonarlo en manos del E.S . Él los transforma por medio del amor, y jamás valiéndose del ataque a otra persona. Lo destructivo es el ataque, no el enojo por sí solo.
Sacar afuera la energía suele ser una buena manera de deshacerse de la tensión física que tanto nos dificulta la oración cuando más la necesitamos. Nuestro enojo se yergue delante de nuestro amor y dejarlo salir forma parte del proceso necesario para abandonarlo.
Lo último que has de querer es ceder al insidioso engaño de considerar que la vida espiritual y las relaciones espirituales son siempre tranquilas y beatíficas.

Marianne Williamson. Volver al amor